La Felicidad

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A veces, cuando tienes trabajo, casa, coche, tus pequeños lujos, todo lo que perseguimos en la vida, no terminas de ser feliz del todo. A veces hay un pequeño gap. No se ve, pero se siente y se manifiesta normalmente con una constante, a veces casi imperceptible irritación interior. De esa irritación nos damos cuenta en mayor o menor medida, pero no le damos la importancia que realmente tiene, o pensamos que es “lo normal”, o que ya se atenderá cuando tengamos tiempo, o a veces simplemente no sabemos cuál es el origen. La  mitad de nuestro planeta ingiere  ansiolíticos para poder seguir adelante buscando la tan perseguida “felicidad”.

Nos pasamos la vida enganchad@s  al binomio apego a  lo que nos gusta y rechazo a lo que no nos gusta. Si te paras un poco, te das cuenta de que ese ritmo vital es agotador, y me atrevería a decir que hasta es contra natura. Es sufrimiento.

La mayoría de nosotros no queremos sufrir, o lo que es lo mismo, queremos ser felices, pero caemos una y otra vez en la trampa de eligir unas cosas  y apartar otras para llegar a ser felices siendo infelices. Menuda paradoja, queremos ser felices haciendo cosas que nos hacen infelices.

Correr de un lado a otro y pensar continuamente, genera agitación mental. En esa agitación mental entran en juego nuevos elementos que generan más pensamientos con los que nos identificamos sin darnos cuenta, de manera inconsciente, porque los evaluamos y etiquetamos en milésimas de segundo. Al identificarnos con los pensamientos, ya creemos que nuestros pensamientos y nosotros somos lo mismo. Si tú y tus pensamientos sois lo mismo, será muy difícil que estés abiert@ a que alguien te lleve la contraria o te convenza de algo diferente porque lo interpretarás como una amenaza (otro desliz de nuestro pensamiento dual).

Si practicas un poco en reducir el ritmo de tu mente, empezando por agrandar el espacio acción-reacción, pasando de la reacción a la respuesta, y generas empatía contigo mism@ y con los demás, entrarás en un espacio de confort desde donde podrás sopesar una opinión distinta a la tuya sin que sea interpretada como una invitación a un duelo, donde no habrá necesidad de doblegar al “opuesto” y desde donde podrás aceptar que las cosas sean distintas a como tú exactamente las quieres. Creo que el primer paso hacia la felicidad es darse cuenta de esto.

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